SEIS AÑOS
Como pasa el tiempo, todavía me cuesta irme de esa noche. Fue de las mas duras que me tocó vivir, como otras tantas veces, habían matado a un amigo. La violencia empezaba a ser moneda corriente, por la complicidad de las fuerzas de seguridad, por problemáticas estructurales y responsabilidades gubernamentales que hicieron y hacen que las balas siempre se pierdan en los mismos lados. Una vez más, la crueldad volvió a ganar. Pero no solo eso, creció el flagelo que se comió barrio enteros: administrando la economía, la paz y la vida de las comunidades. Llegó para quedarse, instalando su violencia y sus negociados. Siendo los únicos presentes ante un estado ausente.
Lo único presente que tuvimos fueron las fuerzas de seguridad. Los grandes generadores de violencia. No solo porque liberan zonas para que se den los enfrentamientos y después montar su show, sino porque todas las generaciones, no importa que fuerza, conocimos su crueldad de chicos. Ese hostigamiento constante, porque no es un loquito uniformado, es un modus operandi. Desde las federales hasta las locales. Todas. Muchos de nosotros crecimos viendo como uniformados se bajaban de autos, nos ponían contra la pared, nos pegaban y se iban. Desde los 11/12 años en adelante te tocaba vivir esta situación. Los que tenían que cuidarnos, solo estaban para golpearnos.
Si no fuera por los espacios colectivos, el potrero y la familia, la adolescencia de muchos de nosotros hubiera sido mucho peor. Por eso, cuando un gobierno quiere llevar la discusión sobre el futuro de las juventudes a seguridad y justicia, es porque está desfinanciando toda política para proyectar sus vidas. Es lo que sucede ahora, de la mano de los impolutos señores y señoras del poder legislativo, desde la moral superior solo plantean castigo. Y a las familias de esos pibes ¡una reforma laboral! para esclavizar la vida de todas las generaciones, así como ya destrozaron la vida de los jubilados.
Esas son las alternativas, nada de propuesta. Cuando se discute, nos dicen que se quiere justificar, si supieran... ninguno de esos jamás tendrán las agallas para hacer la llamada más dolorosa de su vida. Por eso, cuando pienso en vos, amigo, pienso en todo eso que soñábamos para los pibes y las pibas. Ya son seis años, te pienso como a todos los pibes, sigo este camino, aunque cueste. Acá seguimos. Acá seguiremos.
No nos vencerán.
Comentarios
Publicar un comentario